miércoles, 26 de marzo de 2014

Ron; tesoro de Piratas


El ron es una bebida espirituosa que se logra primero; como el resultado de la fermentación de las mieles (jugos) de la caña de azúcar, segundo; gracias al proceso de la destilación industrial del mencionado fermento, con lo que obtiene un aguardiente que fácilmente bordea los 80 grados de volumen alcohólico.

Este brebaje, por primera vez hace su entrada en la escena de la América Central, gracias a que los conquistadores Europeos trasladaron al nuevo mundo las primeras plantaciones de caña –fruto que es de origen árabe- junto al proceso industrial de destilación, desconocido hasta ese entonces, por los grupos sociales de esa región del globo.

Este destilado cobra importancia y se comienza a producir en grandes cantidades, gracias a que tanto los piratas como los corsarios -que surcaban de palmo a palmo el Mar Caribe en busca de capturar las grandes riquezas que transportaban las flotas mercantes de las potencias colonizadoras, comenzaron a valorar significativamente el ron. 

Sucedía que el agua de abordo, era transportada en barriles madera que le traspasaban un sabor bastante desagradable, además que el líquido vital se echaba a perder fácilmente, por lo que comenzaron a utilizaba el ron para hacer potable el agua y de paso un poco más agradable al paladar. 

Al ser un producto elaborado en el Caribe, era de bajo precio, con lo que rápidamente se volvió indispensable entre el resto de los diferentes marineros de ese entonces, como es una bebida alcohólica de alta graduación, seguramente fue la responsable de muchas grescas, rebeliones y amotinamientos en alta mar. 

Tal fue la producción, que era uno de los pocos productos con valor agregado que se exportaba al viejo mundo

Contemporáneamente, a este brebaje se lo rebaja con aguas destiladas o de mantiales para convertirlo en ron fresco si esta destinado para el consumo sin su paso por madera, caso contrario se estila añejarlo puro en barricas de diferentes tipos de roble que previamente han tenido en su interior whiskey americano tipo Bourbon o Tennesse, tambien otras que han tenido vino tinto tipo jerez o vino tinto frances de alta gama, otras que previaente han tenido coñac, finalmente tambien se estila usar barricas jóvenes que son carbonizadas internamente antes de introducir el ron recien destilado.

En la etapa final y previa al envasado en botella, el maestro ronero realiza una serie de mezclas o cortes con rones de diferente añejamiento, para alcanzar el color, aroma, sabor y complejidad deseado para su obra de arte. 
Actualmente es uno de los licores base para muchos de los cocteles preparados diariamente en los cuatro rincones del planeta, generalmente se combina bastante bien con diferentes cítricos y frutas frescas de origen tropical. Como dato, solo en Bolivia, el año 2010; se importaron más de 650.000 botellas de ron provenientes del Caribe, por un valor aproximado de 5.5 millones de dólares[1].

En honor a la tradición, me relevo hasta la próxima edición, con un canto pirata que dice así:

“…Con una Botella de Ron, la vida pirata, la vida es mejor, Ho, Ho, Ho…”

Texto: Romano Paz



[1] Fuente; Elaboración propia, en base a datos oficiales del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE)

De cómo el sabor, fue al encuentro del catador

La noche del lunes nueve de noviembre de 2009, se perfilaba como un apacible inicio de semana. De improvisto y de la nada, algún foráneo se encontraba tocando mi puerta bien entrada la noche. Con bastante mala leche, me asomo para increpar al sujeto impertinente.

Por un momento pensé que me traicionaba la vista, pero no era tal. Allí se encontraban mis dos viejos amigos y ex compañeros de secundaria. Andrés Carrasco y Ronald Saucedo portando una extraña botella de licor, al menos esa fue mi primera impresión. Me preparaba para descartar de la manera más cordial posible, la eventualidad de consumir licor el  primer día de la semana. A lo que Andrés me  increpa sonriente, diciendo que la extraña botella que portaba como un trofeo, era un vino de hielo, que le acabada de llegar de la península del Niágara, (Canadá). 

Alego vehementemente que no podía esperar ni un minuto más para  deleitarse con ese suculento caldo, y que no había pensado en ninguna otra persona para compartir aquella botella de de 375 ml. Aquí les comento que la pequeña botella tiene un valor comercial que bordea los cincuenta dólares americanos y es prácticamente inexistente en Bolivia.

Dicho todo esto, muy amablemente los invite pasar, no lo podía creer, el famoso vino Ice Wine, producido con cepa Vidal y cosechado en plena nevada, a una temperatura que oscila entre los menos ocho y los menos trece grados centígrado, con las uvas congeladas. Y que por cierto no había tenido la fortuna de experimentar, estaba ahora en mi nevera, esperando alcanzar una temperatura inferior a los ocho grados centígrados para poderla catar con propiedad.

Para cuando retiramos la botella de la cámara de frio, ya teníamos preparado el quirófano vitivinícola para operar. Nada mas sacar el corcho, e iniciar con él la fase olfativa, nos vimos invadidos por aromas a fruta madura y miel. Por lo que procedimos a servir el vino. A la vista era graso, de un amarillo oro profundo e intenso, un poco apagado diría yo. En nariz eran inconfundibles los aromas de miel y durazno maduro.


Cuando pasamos a la fase gustativa, la sensación fue verdaderamente asombrosa, sabores nuevamente a durazno, en esta etapa se manifestó también el sabor y el dulce de la piña, de textura aterciopelada, cremoso y espeso. De evolución profunda, el final fue prolongado, armonioso y elegante, en definitiva un vino equilibrado y fácil de beber. Una verdadera caricia a los sentidos.
 
Culminado el acto, fui yo el que no pudo esperar para documentar el suceso, a fin de  poder compartir con todos vosotros tan agradable experiencia, gracias; Andrés y Ronald, por aquel inolvidable momento de arte y cultura vitivinícola, mismo que despues de arios años permanece fresco en mi paladar y retina.

Texto: Romano Paz

viernes, 25 de octubre de 2013

Cata vertical de Navarro Correas en HANSA



El Showroom de Volkswagen fue el teatro de operaciones para que la empresa HANSA celebrara los 60 años de representar a la afamada marca germana el país, por lo que se monto y decoró un escenario festivo acorde a la ocasión. Los vinos de la Bodega Navarro Correas fueron los encargados de dar solemnidad a la gala, por lo que la Sra. Jenny Ramallo (ejecutiva de la empresa JH Ramallo) oficiaba de anfitriona, ya que como representante en Bolivia de la Bodega Navarro Correas había organizado una cata vertical de tres de sus vinos Premium aquella noche.


Por mi parte, luego de ser recibido muy cordialmente por la Sra. Jenny Ramallo y del protocolar saludo que ameritaba la ocasión, divise a Carlos Suárez (propietario de Rest. Michelangelo), y me senté a su lado para conversar sobre vitivinicultura y gastronomía mientras aguardábamos el inicio de la cata.


Los minutos transcurrieron muy amenamente hasta que fuimos interrumpido debido a que hizo su entrada en escena Celia López (enóloga de la Bodega Navarro Correas,  que nos visitaba aquella noche procedente de Argentina), quien realizo una impecable disertación sobre la historia de los vinos en cuestión,  presentación a la que le precedió una magistral cata vertical de los siguientes tres vinos:


Colección Privada, mono-varietal Malbec, para iniciar estuvo bastante acertado, ya que resulto ser un vino afrutado de un color violáceo bastante típico del Malbec argentino. De aroma a violetas y sabores a especias dulces, ciruelas y frutillas. De cuerpo medio, textura sedosa y final prolongado y fresco.

Selección de Parcelas 2009, mono-varietal Cabernet Sauvignon, brillante, de color rojo rubí intenso, de  aromas y sabores a grosellas, moras, ciruelas y tabaco con notas a hierbas. De textura aterciopelada y final prolongado.


Selección del Enólogo, compuesto por un blend un tanto atípico, ya que su ensamblaje estaba hecho con Cabernet Franc, Malbec y Petit Verdod. Este vino en particular ha sido mi descubrimiento del año. Resulto ser violáceo rubí, con aromas y sabores a ciruelas, guindas, moras, cassis y notas especiadas. De mucho cuerpo y estructura con un final prolongado. El corte de Cabernet Franc le aporta notas a hierbas y cuerpo medio, mientras que el corte de Petit Verdot le contribuye con estructura, notas especiadas y color intenso, y finalmente el corte de Malbec envuelve las dos anteriores cepas con frutosidad y elegancia. Vino de gran complejidad pero a la vez bastante equilibrado.


Finalizada la cata se presentaron los vehículos 2014 de Volkswagen, todo esto mientras en coro general comensales y anfitriones nos redimíamos en un mar de felicidad, pues el mítico Dionisio (dios griego del vino) en complicidad con la Bodega Navarro Correas elevaba nuestro espíritu hacia alturas excelsas. Como epílogo de la velada, los anfitriones invitaron a los comensales a servirse una mesa de exquisitos piqueos elaborados por el chef Pablo Palmioli.

Texto: Romano Paz

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sorprendente Cata y Maridaje de Altura en Michelangelo



En la noche del jueves 8 de agosto me hice presente en el Showroom de Volkswagen, la empresa HANSA celebraba 60 años de representar a la afamada marca germana en el país, así que se había montado y decorado un escenario festivo acorde a la ocasión.

Por su parte la empresa JH Ramallo había preparado una cata vertical de vinos Navarro Correas que estaba a cargo de la enóloga argentina Celia López. Aquella noche ingrese en el Showroom y la anfitriona de los vinos, la Sra. Jenny Ramallo, me recibió muy amigablemente y me invito a acomodarme en el auditorio, por lo que eche un vistazo panorámico y de inmediato divise de espaldas la silueta de Don Carlos Suárez, de quien tengo la fortuna de ser su amigo, pues es un importante personaje cruceño que entre otras cosas, destaca por ser chef, enófilo y propietario del restaurante Michelangelo (27/08/1987).

Para quien no conoce los antecedentes de este recinto, Michelangelo desde hace 26 años deleita a los paladares más exquisitos con una amplia oferta gastronómica que su propietario ha denominado “fusión ítalo-continental novo boliviana”, a ello debemos sumar que de acuerdo a la crítica especializada Michelangelo es el restaurante con la cava de vinos mejor montada y más surtida del país, podio que ostenta debido a que ofrece vinos de alta gama de los cuatro continentes, muchos  de ellos boutique, otros exóticos y algunos son tan raros y únicos que forman parte de la colección privada de Don Carlos. Por todo lo anterior, es sin lugar a dudas uno de los precursores de la gastronomía y la cultura vitivinícola en Santa Cruz, entenderán porqué sin vacilar me senté a su lado.

Los minutos transcurrieron amenamente mientras conversábamos con Don Carlos sobre las últimas tendencias en materia vitivinícolas y uno de sus últimos descubrimientos, un vino tinto de  alta gama denominado San Pedro de Yacochuya, vino con el yo tendría un imprevisto encuentro un par de horas más tarde.


La cata se inicio con una impecable presentación de Celia López que nos hizo valorar organolépticamente tres vinos Navarro Correas (de los que hablaré en una siguiente entrega):

Colección Privada, malbec.
Selección de Parcelas, cabernet sauvignon.
Selección del Enólogo, blend de cabernet franc, malbec y petit verdot.


Finalizada la cata se presentaron los vehículos de Volkswagen y seguidamente los anfitriones invitaron a los asistentes a servirse una mesa de exquisitos piqueos elaborados por el chef Pablo Palmioli. Este es el punto de inflexión en el que la noche cambio de rumbo, pues un imprevisto logístico forzaba a Don Carlos a interrumpir nuestra recién retomada charla vitivinícola y lo obligaba a retirarse del la recepción, por lo que me propuso retomar la misma en su restaurant y cenar allí, petición a la que accedí gustosamente.


Nos desmovilizamos de HANSA por separado, en unos minutos había atravesado el corazón del casco viejo cruceño y me encontraba parado frente a Michelangelo, restaurante que funciona desde sus inicios en una antigua casona cruceña construida hace más de un siglo con ladrillos de adobe, misma que hoy por hoy es patrimonio histórico de la ciudad. Ingrese y fui recibido con una sonrisa franca por Oswaldo, quien desde hace más de veinte años es el anfitrión y mano derecha del pionero de la enocultura en Santa Cruz; Don Carlos. De inmediato nos aprestamos a travesar todo el interior del restauran en dirección a la cava personal del propietario, recorrido que me permitió transportarme a un Santa Cruz de antaño matizado con algunos toques contemporáneos, todo el recorrido me fui observado a media luz variados adornos antiguos alusivos a la gastronomía y la cultura del vino, mientras me invadían aromas especiados de todo tipo.


Finalmente salimos a un patio colonial que recorrimos hasta que llegamos a una puerta de hierro que evocaba el ingreso de un pasadizo secreto en un castillo medieval, detrás me esperaba una escalinata decorada con velas y custodiada por paredes forradas irregularmente con ladrillos rotos que le dan un aire rústico, ascendí por la escalinata perplejo hasta que llegue a un pequeño salón que desde hace un par de años ha sido ambientado como cava y a la vez como un espacio exclusivo para no más de ocho personas, en el que se suelen celebrar acontecimientos especiales como compromisos matrimoniales y aniversarios, de los que las paredes han sido celosas custodias y guardan absoluto silencio.


Ingrese en aquel ambiente debidamente atemperado y con riguroso control de humedad, "cava en la que las botellas guardan sentimientos ahogados en dicha". 

Don Carlos, mi nuevo anfitrión ya me espera sonriente, había ingresado por la retaguardia utilizando un pasadizo reservado para el amo del señorío, sin más procedimos a sentarnos mientras el tenor de la Toscana italiana Andrea Bocelli acariciaba nuestro sentido auditivo con su música celestial.


Don Carlos me consulto sobre ¿que desea servirme?, le dije que al encontrarme yo en el epicentro de su imperio y siendo él un experto en la materia, me encontraba a su merced y que era libre de hacerme experimentar en materia gastronómica y vitivinícola lo que él viera conveniente para la ocasión, por mi parte era consciente de que tomaba una sabia decisión.


Don Carlos, que es una persona de acción, ordeno aceite de oliva extra virgen para mojar pan mientras refrescábamos el paladar para lo que se venía. La primera sorpresa de la noche se hizo presente, ordeno traer de su Reserva Personal un “San Pedro de Yacochuya”, vino producido a más de 2000 msnm al pie de la cordillera de los andes en Cafayate-Salta, ensamblado por el renombrado enólogo francés Michell Rollan en base a Malbec procedente de vides de más de 60 años, con un toque de Cabernet Sauvignon, criado en barricas de roble francés por doce meses y con una graduación alcohólica de 15,3%. Mientras aireaba este elixir, a pesar de la media luz pude percibir un rojo rubí intenso, en aroma tenía frutos rojos maduros y sobre-maduros que se entremezclaban con notas minerales, pimiento,  vainilla, especias, un toque de café y tal vez algo de tabaco, en boca era de cuerpo aterciopelado y carnoso, con buena astringencia y final prolongado, ideal para desafiar canes con salsas potentes. Cumplía su promesa de ser “Un toro frutal”. 

Acto seguido como primer maridaje llego una entrada de “Ostiones a la Parmesana” que combino muy bien, ya que ambos se complementaban en potencia, cuerpo y sabor.


La segunda sorpresa vitivinícola de la noche fue la 4° edición del vino “Carlos Michel” denominado para este año Château les Amis” (casa de los amigos), en honor a la amistad que tiene Don Carlos con el reconocido enólogo francés; Francois Corentin Thore, quien ensambla de manera exclusiva para Michelangelo en los valles de Tarija-Bolivia (a una altura que también promedia los 2000 msnm) este vino con un blend de Cabernet Sauvignon, Carmenere y Merlot. Vino que nuevamente a media luz, me pareció de color rojaceo con notas rubí, de aromas y sabores a casis, ciruela, notas a hierba, vainilla y cuero, de textura aterciopelada, con cuerpo y final medio. Le consulte a Don Carlos si creía que se podía maridar con “Albahaca”, a lo que me indico que el “Pesto” era una de los maridajes recomendados por Francois.


Nos encontrábamos sumergimos en una agradable tertulia mientras catábamos muy a gusto y nos redimíamos con ambos caldos, cuando la esposa de Don Carlos, la Sra. Sonia Villarroel Landivar se nos unió, por lo que minutos después la cena estuvo servida. Don Carlos opto por un “Risotto con Gamberetti e Funghi al Dopio Burro” (arroz con gambas, hongos, crema y mantequilla), la Sra. Sonia se decanto por una “Zuppa Minestrone” y para que yo maride Don Carlos ordeno un “Bife Chorizo” de carne argentina al grill con salsa a la “Pimienta” y al “Jerez” por separado, de guarnición acompañaban “Tortelinis con Pesto a la Crema”.

 

Mi experiencia fue que el vino Carlos Michel se complemento en potencia y sabor con los tortelinis y el bife chorizo solo al grill, mientras que el San Pedro de Yacochuya tuvo un mejor maridaje con el bife chorizo acompañado primero de salsa a la pimienta y como maridaje alternativo acompañado de la salsa al Jerez.


La experiencia gastronómica fue única, extraordinaria  y un tanto atípica, ya que cene con dos excelentes vinos sudamericanos de altura, ensamblados por separado por dos reconocidos enólogos de origen francés, ambos con estilo propio y marcadas diferencias, sumado a ello tuve a mi disposición cinco posibilidades distintas para maridar esos dos caldos sublimes.


De otro grande de la vitivinicultura en Bolivia; Ramón Freixa, he aprendido que no existen vinos, existen momentos, y aquella inmortal velada se fue agotando conforme entraba la noche, al final solo quedaba la triste despedida y un hasta la próxima, cuando Don Carlos, como si no fuera demasiado lo ya vivido, me sorprende obsequiándome una botella de “Carlos Michel- Château les Amis”, misma que guardaré celosamente sabe Dios hasta cuándo. Por mi parte, lo menos que he podido hacer es inmortalizar aquellos momentos para compartirlos con ustedes, lectores amigos.

Texto: Romano Paz